Esta mañana me he despertado con más animos que nunca aunque no me sentia bien. Queria cambiar obligatoriamente el estado en el que yacian mi cuerpo y mi alma. Dolor de cabeza, dolores insportables de oídos, vista nublada a más de un metro de mí....SE ACABO. Tenia que encontrarle remedio y qué mejor que un buen MEDICO. Dicho y hecho.... a las 11 de la mañana estaba en la sala de espera para hacerme un chequeo a los oidos. Una asistente muy amable me condujo hasta la última puerta del pasillo y me hizo entrar en una habitacion donde habia una cama, una tumbona medical y "el aparato con el que te consultaban los oídos." Pidieron que me acostara sobre la tumbona medical y el médico usó el aparato consultaoidos para limpiarmelos dentro con agua oxigenada. El médico me parecio un poco presumido porque me hablaba en tono superior aunque no grosero, pero al final me di cuenta de lo contrario cuando me puso el diagnostico de rinofaringitis aguda y me receto cinco medicinas volteando la cara para explicarme como me podia servir de cada uno de ellos. Pero antes de ello, la asistenta me hizo entrar en un cuartito y me dio unos auriculares y un boton al que tenia que pulsar cada vez que oia un sonido por muy alto o bajo que fuese. Al principio no lo entendi pero la joven mujer entro amablemente y me dijo: "No tienes que pensar, solo tienes que escuchar y pulsar el boton" En ese momento lo primero que me paso por la cabeza fue: " Soy morena, quiza en este instante hubiera sido mejor ser rubia. O pensar como rubia" y dentro de mí me reí de lo que se me había ocurrido.
Despues de la consulta de los oidos, que era lo que más temia, baje a hacerme el chequeo de los ojos y me quede esperando un buen rato al medico que estaba en la sala de operaciones. Es un medico muy amable y muy simpatico, que emana mucha buena energia, cosa muy necesaria en los hospitales. Me recibió y me pidió que me sentara a una clase de microscopio por el que podia ver dentro de mis ojos. Me preguntó si mi tez era blanca de costumbre o solo estaba blanca por el nerviosismo de estar ahi, todo eso sin dejar de sonreir y eso que es una persona adulta. Mi tez es muy blanca, blanca como el queso...pero asi soi io. Luego me sente en una silla donde me dio unas media gafas, uno que representaba las gafas y el otro el ojo libre y me hizo leer de un cartel la última fila de letras, primero sin gafas, luego con gafas. Fue como una clase de juego que yo habia practicado antes en casa para comprobar si realmente veia bien o no. Tal como habia esperado con el ojo izquierdo no pude ver ni una letra de la ultima fila y con el derecho sólo vi media fila. Pero SOPRESA: con "la gafa" lo podia ver todo a perfección y ya no me sentia fuera de mi control.
Gracias a Dios, todavía existen médicos amables que ejercen con dedicación y mucha cautela su profesión.
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